domingo, 28 de agosto de 2011

¡GOOOOOOOL!


Repetimos comensales y se sumo Anita, la esposa de mi inseparable jefe, pero cambiamos de local, esta vez tenían una buena pantalla emitiendo el fútbol, y no por ese motivo escogimos el sitio, que conste. Nosotros estábamos mas cerca del mar que de la pantalla pero uno, por deformación profesional, no podía evitar girar la cabeza hacía el televisor, arrugar los ojos e imaginarme jugadas, porque verlas no las veía bien.

La cena transcurría con normalidad, las mismas historias se repetían -nos pasa siempre que volvemos a juntarnos- y nos reíamos como la primera vez. Y mientras charlábamos amigablemente como todos los comensales, se oyó de repente y sin aviso, un ruido estridente de tres o cuatro personas, a lo sumo y al unísono: ¡GOOOOOOOOOOL!, había marcado el Betis. Ese ¡GOOOL! salió desde muy adentro, desde el lado del escudo, el izquierdo, y a todos de una forma u otra nos cautivó.

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